Sucede a Shakespeare lo que a todos los grandes artistas: a medida que envejecia y que su genio se desembarazaba de la tirania de las pasiones que le habían rodeado en la juventud, imagino un universo real pintado con los colores de sus sueños para penetrar en la fuente misma de las pasiones y del corazon humano.
De aqui estas combinaciones tan curiosas, tan raras de realidad y de ideal, de fantasia y de lógica, de sinceridad y de ficcion que aparecen en “La tempestad”.
Hay un equilibrio perfecto, posiblemente el mas sutil que haya alcanzado poeta alguno en las combinaciones de Naturaleza y de Sueño. Un paso más en esta direccion y Shakespeare se hubiera salido de la Naturaleza.
“La tempestad” sobresale por la belleza poetica, la intensidad dramatica y la altura espiritual, al mismo tiempo que desarrolla una teoria psicológica sobre la bondad a traves del personaje de Prospero.
Numerosos estudiosos han querido ver en Prospero el alter ego de Shakespeare. No debemos olvidar que fue la ultima obra completa que escribió antes de retirarse a Stratford, y muchos han interpretado la obra como su testamento literario. Y asi parece demostrarlo cuando Prospero declara que su objetivo ha sido agradar, «which was to please»; ¡que despedida tan breve y sencilla, que definición tan delicada y gentil de lo que fue su proyecto de vida!
Pablo Márquez
La tempestad
19 dibujos originales de Pablo Márquez sobre “The Tempest” de William Shakespeare.
La serie es una ilustración de los sucesos que se desarrollan cronológicamente en el drama. Los dibujos estan inspirados en estampas de Andrea Mantegna y en mapas de batallas del siglo XVI.
Tecnica: Transfer, acuarela, acrílico y grafito sobre papel chino de arroz.
Medidas: 35 x 50 cm (tamaño total de la cartulina)
–
(…)Una de las principales características de la obra de Pablo Márquez es, precisamente, la de situarse con frecuencia en ese territorio estéticamente marginal, extremo, que no elude lo asqueroso o repugnante; que aborda lo terrorífico a cuenta de sus aspectos más escatológicos, donde la maldad humana y el sufrimiento que esta provoca se revelan, de manera insidiosa, en cualquier banalidad, en algún objeto cuya ruina denuncia lo espurio de la situación que simboliza, en la negación del ser que patentiza un resto, un triste fragmento, viejo, gastado, definitivamente perdido en su condición de signo de lo inefable; donde, a fuerza de abundar en la dialéctica del desastre, parece estar a punto de claudicar el “efecto estético”.
Sin renunciar a su vocación por lo dramático, antes bien, aproximándose a ello a través de una dimensión distinta (esta vez acudiendo a su origen etimológico, la teatral, y no la histórica), Márquez se adentra en otro de los ámbitos de su preferencia, que, junto con la música, es la literatura. En trabajos anteriores hemos visto aparecer textos de Celan, Mandelstam, Goethe, Ajmátova, Hölderlin, Proust, Dostoievski, Mann, Solzhenitsyn, Kafka o William Shakespeare –en algunas de cuyas piezas teatrales se inspira el presente proyecto– y aunque, en términos generales, advertimos un tono más amable en este que en sus precedentes estudios (el título parece ser significativo al respecto), al mismo no dejan de estar patentes los aires más sombríos de los argumentos shakespearianos. Es curioso que, a la hora de explicar por qué en esta ocasión se ocupa, principalmente, de asuntos menos aciagos, el propio artista nos recuerde que «en toda sinfonía trágica suele haber un scherzo». Esto nos permite inscribir en su verdadero alcance, emocional y estético, el conjunto de obras que componen esta exposición con respecto al global de su producción.
Pablo Márquez se entrega, en dos de las series gráficas que integran “Shakespeare, danzas y regocijos”, a un ejercicio de interpretación, centrándose en momentos singulares, importantes, sustanciales o característicos de cada una de aquellas, de las que extrae los motivos que luego representa visualmente, construyendo de este modo un cuerpo de imágenes que, a pesar de su estrecha relación con el texto de estas, nada tienen que ver con lo que sería una labor de mera ilustración. Dada la libertad con la cual constatamos que se ha aproximado al teatro del autor inglés, su trabajo, en este caso, podría casi equipararse con el de un “metteur en scène”, que estuviera más empeñado en ofrecernos su particular versión de aquellos que en traducir, literalmente, sus cuadros escénicos. Lejos de pretender ofrecernos “su shakespeare” –uno más–, entendemos que persigue sintonizar con el pensamiento del autor, con su verdad. (…)
Fragmento del texto “Travailler en images” de Victor Zara (director del Departamento de Pintura y Restauración UCM y crítico de arte).
Catálogo de la exposición “Shakespeare, danzas y regocijos” de Pablo Márquez, Museo ABC (Madrid, 2014).
| en Facebook esta exposición | comparte en Twitter esta exposición | Como llegar |
|
TODAS LAS EXPOSICIONES DE ESTE ESPACIO
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||