Desde los tiempos de las tinieblas el arte está impregnado de un contenido ritual y mágico entre otros conceptos definitorios.
Estas ideas han ido cambiando a lo largo de la historia y a pesar de la evolución del ser humano, el componente mágico, se ha mantenido permanentemente ligado a su propia sustancia, con la que progresivamente ha ido derivando hacia una metamorfosis de sus formas estéticas así como transformando su función social, pedagógica, mercantil, incluso ornamental; para determinar un lenguaje estético actual y moderno al cual es inherente el concepto actual de ARTE.
Pero sigue existiendo en su génesis un misterio que envuelve esta actividad, esta necesidad humana de comunicar ideas y valores a través de la plástica, una MAGIA, en definitiva, que eleva esta sensación a la potencia de sentimiento. Una compunción interior que arrastra al artista a la catarsis del hecho creativo, verdadero juicio final al que se somete el autor de la obra ante el nacimiento de cada propuesta, de cada idea.
Se produce, pues, un instante en el que se percibe ese impasse extraordinario de espera, de emoción. La angustia de lo que procede de lo oculto, lo inexplicable, de lo que no es y puede ser. A partir de ese instante, la tinta toma cuerpo en el cuerpo, se vislumbra lo indemostrable, y la plumilla impregnada de este sudor profundo de las tinieblas, se aferra a las manos de Claudio, conviertiéndolo en un expresivo vehículo mágico que nos descubre sensaciones placenteras que inmediatamente toman posesión de nuestros sentidos y sensibilidades para hacernos gozar a través del vinculo de complicidad instantánea que se establece entre el creador y el espectador.
El acto será presentado por la Dra. Lourdes Jiménez Fernández, historiadora del Arte.
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