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Eugenio Pardini
Colección privada de Sean Hepburn
Hasta el 20 de Octubre
es Arte Gallery
web: www.esartegallery.com/
 

La obra de Eugenio Pardini discurre como un tratado de valores tradicionales entre el contorno y la figura junto a un soberbio color. Desde sus comienzos ya se aprecia una frontera entre el espacio y la figura, condicionada por unos de los términos más usado en pintura: Il trattamento. Si se aprende a dominar esa frontera, o dicho de otra manera, a entender la estilización del lenguaje plástico en determinados contextos comprendemos su tendencia, además, de la conclusión del hecho pictórico y de su iconicidad, de esta manera asimilamos la pintura de Pardini en toda su extensión.

La percepción en la categoría enunciada es una simple variable de posibilidades que demuestra la capacidad creativa a través de rangos estéticos. Pues es aquí donde el artista decide su trayectoria, que puede ir acotando o extendiendo según esas variables de las que hemos hablado, sin programar en profundidad hasta qué punto puede acotar lo aprendido y convivir con su proteica creatividad. Pardini no es una excepción, su permeabilidad es muy clara y su evolución se detecta en el trazo, como el elemento intermitente de las vanguardias figurativas, donde todos los componentes pictóricos de un reciente pasado pasan a ser indispensables y se convierten en una bisagra entre tendencias reconocidas, sin dar tregua a esa luz que el mismo Fatori firmaría como una luz del mediodía incandescente que se va tornando en una paleta despiadada con una textura superficial, instigadora, voraz e inquietante que provoca una profundidad lumínica como si se tratara de un discípulo de Turner o un acercamiento al mismísimo Bernardo Daddi, donde el color firma una de sus mejores etapas.

Dejando por un momento el análisis cromático en la obra de Eugenio Pardini, su trayectoria se dirige hacia un lenguaje puramente organicista, lo que automáticamente fija la atención en el movimiento, una combinación entre la cromaticidad y la acción que se podría incluso argumentar como un discurso continuista del surrealismo de Roberto Matta, marcado por la desintegración paulatina de la figura, que curiosamente invierte, cuando el desarrollo suele ser al contrario, de la experimentación se vuelve al orden y así sucesivamente.

No cabe duda que Eugenio Pardini fue un ferviente admirador de las pre-vanguardias y, por otro lado, de las vanguardias supo extraer las cualidades del movimiento como razón de ser de los coloristas franceses que añadieron un primitivismo, no solo a las figuras sino a la conciencia.

Esto quiere decir que las sensaciones del artista se intuyen aunque no estén patentes en el lienzo, aunque solo sean el empuje hacia una figuración que fluye per se pero que se encuentra realizada en un esquema que valora ciertas tendencias al unísono.

En la eclosión del color como legado en Eugenio Pardini existe el mismo afán de revelación que el de los artistas consagrados del círculo de París, llevando implícitos sus idiosincrasias, sus lugares de origen, las trayectorias, incluso, en muchos de ellos, se detecta la conciencia; y así temas universales como la muerte, la esperanza, el deseo y la desesperación. Solo hay que retroceder al momento exacto, y ver más allá de la realidad, como detectar las sombras de Camile Pisarre, el oscurecimiento paulatino de Cézanne, la simplicidad de Dufy o el sonido vibrante del mismo Van Gogh. Todo influye y nada acontece, y por lo tanto, ahí se encuentra el artista renovador, el artista que ha captado la obra como un producto retiniano y no como un ejercicio de la mímesis. Porque nada invoca al orden, a la evolución, al nihilismo estético y plástico del estilo que marca una asimilación de datos sin descodificar. Pardini con su estilo tan personal cumple con estos parámetros.

El carácter mediterráneo en Pardini es la fase que presenta mayores ambigüedades espaciales, con un lenguaje más abierto recrea una configuración de attrezzo, una exaltación de la naturaleza, formas que determinan su entorno. Siluetas encendidas, una cierta inestabilidad, donde se desarrolla la vida, no sólo del artista también de la obra. Dentro de un carácter “performático” entre el paisaje y el artista encontramos numerosos ejemplos que desarrollarían esta simbiosis de igual grado. Pero creo que los más atrayentes y comprometidos, en este orden de reflexiones, son: Los pintores de la costa de Skagen, los pintores realistas del levante español y la costa norte de la Toscana, de donde proviene Eugenio Pardini Los ejemplos más cercanos a Pardini son sin lugar a duda: Fatori y Modigliani y Il Risurgimiento. Este último movimiento citado es uno de los más perturbadores y desconocidos, y atraviesa la piel de las obras de Pardini, y parece sacar toda su esencia, si entendemos la pintura como una gran rueda dentada donde cada artista extrae sus argumentos de reacciones concatenadas.

Con este tipo de artista, con una obra tan sugerente, se puede caer en la trampa de los estilos y la creación de tendencias y lo que es peor, encasillar al artista en un determinado movimiento, lo que puede llevarnos a argumentos totalmente equivocados, al entender el arte como una consecución lineal o una superposición de pequeños detalles que suelen contaminar lo que realmente hay debajo de una representación que suele ser la captación de un solo argumento que prescinde de la acción mecánica o del simple hecho de pintar para dar el paso definitivo hacia lo que podríamos denominar la interlocución plástica del lenguaje pictórico.

Eugenio Pardini llega a culminar su propio lenguaje, lo que determina la intuición del espectador, que difícilmente podría analizar la obra sin la captación del propio artista. Un artista nacido en una época y en una ciudad propensa a la contemplación. A diferencia de otras épocas cuyo denominador común se fundamenta en criterios físicos, geométricos, fragmentados o disociados. Modigliani ya presentaba aspectos físicos y geométricos, a diferencia de Klee que apuntaba a la fragmentación o Lucian Freud que tendía hacia un tratamiento de las texturas. En Pardini se encuentra la escenografía, la puesta de largo. Y así muestra la existencia genérica y la suya en particular.

Pedro Pizarro

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