Jordi Bernadó. Foto 1
 
Jordi Bernadó
Simulacrum Bourrée

Simulacrum: témino inglés, adoptado directamente del latín (simulacrum). Representación o imitación de una persona o cosa. Baudrillard argumenta que un simulacro no es una copia de lo real, sino que se convierte en verdad por derecho propio, también conocido como hiperreal.

Bourrée: término francés que designa una danza popular de origen tradicional de Auvernia que posteriormente fue adaptada a una forma estilizada y culta en el periodo barroco entre los siglos XVII y XVIII. Se ejecuta entre dos personas y se compone, normalmente, de dos partes.

Si hay algo que nos recuerda las fotografías de Bernadó es que hay una realidad para ser observada más que para ser vivida o experimentada. Hoy quizá más que nunca.

Observar es examinar atentamente. También entre sus significados se encuentra el de mirar con atención y recato, atisbar. Pero si nos referimos estrictamente a su etimología comprobamos que observar es ponerse delante (eso significa el prefijo ob.) de un objeto, a la vez como sirviente (primer significado de la raíz serv.) para serle fiel; y como maestro para poseerlo o conservarlo (que es el segundo significado de la raíz serv.). Observar algo es poner la mirada en ello, examinarlo y valorarlo como objeto.

Es una práctica empírica por excelencia, la más antigua y a la vez la más usada. Y es desde finales del siglo XIX, una técnica a la que se ha recurrido de manera cada vez más sistemática.

Este procedimiento, una “lectura lógica de las formas”, implica una metodología y un adiestramiento de la mirada: deconstrucción y elaboración de una nueva realidad.

Es curioso que las reflexiones de los pedagogos Postic y De Ketele en torno a la observación de las situaciones educativas parecen haber sido pensadas para ser extrapoladas a cualquier otra área o disciplina del conocimiento (y desde luego aquí resultan apropiadísimas) cuando comienzan afirmando que la observación organiza las percepciones y ello “implica toda una serie de operaciones de sensibilización y de concentración de la atención, de comparación, de discernimiento, todo ello dirigido por una intención. Observar es un acto promovido a la vez por disposiciones de orden cognitivo y afectivo, cuyo producto es una creación del espíritu. Al final el producto de una observación puede ser que no tenga ninguna existencia real, […] es una representación interiorizada, seguida de una expresión exteriorizada en lenguajes muy distintos (verbal, gráfico, formal, etc.) de una realidad percibida. […] En ella juegan un papel importantísimo la intencionalidad y la atribución de un significado.”

Bernadó es un observador, incluso antes que fotógrafo. La fotografía es la herramienta que ha elegido para organizar formal y visualmente un mundo en constante fuga, en un movimiento deformador que dificulta nuestra experiencia del mismo. Ya no hay acontecimientos que se vivan y de los que se pueda aprender algo. Por el contrario, si hay realidades que se observan y que originan una gran cantidad de interrogantes. Bernadó desde la posición conquistada, sólo aspira a representarlo, sin demasiada interferencia anímica, sin implicación, con la mayor objetividad que es posible, única forma posible de evitar su agresión, atrapando su imagen. Es la forma más eficaz de identificar al ‘enemigo’, de desactivarlo.

Las fotografías de Bernadó pueden parecer surgidas de encuentros azarosos, anecdóticos, con el mundo. Sin embargo sus imágenes no son fruto de ninguna combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables, lo que no implica que el factor de la improvisación no opere sobre sus elecciones. Lo que ocurre es que para improvisar bien, como ya sabemos, es necesario ensayar mucho.

De este modo, sus elecciones son el resultado de una mirada educada, entrenada en la búsqueda de determinadas imágenes que forman parte de esa otra imagen del mundo que tanto obsesiona al fotógrafo. Una imagen constituida por simulacros y mistificaciones, excéntrica en todos los sentidos, por rara, por extravagante, por fuera de lo normal, pero también por tener un centro diferente. Una imagen tan real como el propio mundo que la construye y la proyecta, pero que se resiste a ser entendida en los mismos términos que su modelo. Por eso a veces sonreímos ante sus imágenes, nos sorprenden por lo que en apariencia tienen de ficción inextricable, por sus dramaturgias simuladas, por sus puestas en escena imposibles, por las expectativas que provocan y, desafortunadamente, porque creemos asistir a un juego de las apariencias, olvidando que, según la formulación de Hartmann, lo aparente como opuesto a lo real, no tiene sentido puesto que lo aparente también es real, de otro modo no podría ser una apariencia real.

La exposición que planteamos no es una retrospectiva de la obra del autor, como tampoco es una selección de obras representativas de los rasgos estilísticos y temáticos que mejor puedan definir al artista. Es, al contrario, una intervención sobre su obra que trata de ‘rastrear’, en primer lugar, la compleja y particular relación que el autor establece con el territorio y el espacio en el que se ha desarrollado hasta nuestros días la cultura occidental y, en segundo lugar, el dialogo que estas representaciones establecen con el espectador. Es ‘indagar’ en esa idea, ya descrita, del simulacro, en su fuerza subversiva, como forma de pensar nuestra cultura y como reflexión sobre una realidad que sólo se revela posible si se establece en comunión espectatorial con el observador. ‘Rastrear’ e ‘indagar’ en el signo fundacional, y en sus traslaciones, sus mutaciones y sus traslocaciones.

Para ello se ha desarrollado un itinerario donde una selección de fotografías de varios trabajos de Bernadó (+ un film), ahora reubicadas y reagrupadas, se presentan en un lúdico juego de simulaciones y trampas en diálogo con otras tantas obras del pintor catalán Quimet Sabaté: construida en dos partes, los conceptos de puesta en escena, representación y simulacro adquieren una importancia nuclear y atraviesan transversalmente, desde un extremo al otro, cada una de las imágenes que forman parte de las diferentes secuencias de la exposición.

Xosé Garrido

 

Horarios: martes a sábado de 10:00 a 20:30 h Domingos y festivos de 10:00 a 14:00 h

Entrada libre

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